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MLB: El día que un cátcher quiso engañar a corredor rival lanzando una papa pero fue expulsado

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Dave Bresnahan, un veterano receptor de ligas menores, no habló mucho al respecto durante una conversación telefónica, pero el hombre conocido como “Potato Caper” es parte de la realeza del béisbol. Entonces, en 1987, cuando Dave tuvo que llamar a su padre, sobrino de Roger, para decirle que lo habían expulsado del equipo Doble-A de Cleveland por tratar de usar una papa para sorprender a un corredor, naturalmente estaba aterrorizado.

Ya era finales de agosto en medio de una larga y difícil temporada de ligas menores en 1987 para los Williamsport Bills y todo el mundo, incluyendo Bresnahan – un receptor suplente de 25 años – estaba tratando de completar el resto del calendario. Estaban a 28 encuentros del primer lugar. Había largos viajes en autobuses tras derrotas y más derrotas. Y, especialmente para Bresnahan, largas horas en el bullpen bromeado con sus compañeros. Un día, antes de comenzar una serie contra los Filis de Reading, aquel muchacho que se describía a sí mismo como “alguien diferente, original”, tuvo una idea bien particular.

“Pensé, ‘¿Qué tal si metemos una papa en el juego?’”, recordó Bresnahan. “Eran simplemente habladurías, pero luego volvió a salir el tema al día siguiente y mis compañeros pensaron que sería divertido. Dijeron, ‘Bueno, ¿por qué no lo haces?’ Y dije, ‘¿De qué están hablando?’”. Ya era finales de agosto en medio de una larga y difícil temporada de ligas menores en 1987 para los Williamsport Bills y todo el mundo, incluyendo

Bresnahan – un receptor suplente de 25 años – estaba tratando de completar el resto del calendario. Estaban a 28 encuentros del primer lugar. Había largos viajes en autobuses tras derrotas y más derrotas. Y, especialmente para Bresnahan, largas horas en el bullpen bromeado con sus compañeros. Un día, antes de comenzar una serie contra los Filis de Reading, aquel muchacho que se describía a sí mismo como “alguien diferente, original”, tuvo una idea bien particular.

“Pensé, ‘¿Qué tal si metemos una papa en el juego?’”, recordó Bresnahan. “Eran simplemente habladurías, pero luego volvió a salir el tema al día siguiente y mis compañeros pensaron que sería divertido. Dijeron, ‘Bueno, ¿por qué no lo haces?’ Y dije, ‘¿De qué están hablando?’”.

El Día de la Papa llegó por fin el 31 de agosto. Bresnahan, para su sorpresa, fue colocado como receptor titular en el primer juego, en vez del segundo. El abridor de ese primer desafío, Mike Poehl, era un serpentinero con un carácter bastante serio, pero dijo que igual sería parte de la jugarreta de Bresnahan. Con todo el plan ya en marcha, ¿cómo podía echarse para atrás ahora?

“Yo guardaba una mascota bien grande en el bolso que siempre tenía en el dugout durante los partidos”, explicó Bresnahan. “Le dije al árbitro que se me había roto el guante y necesitaba ir a buscar otro. Y me dijo, ‘seguro, claro’… Fui al dugout y, por supuesto, todos mis compañeros sabían lo que estaba pasando y casi hacen que explotara de la risa”.

Bresnahan agarró la nueva mascota y regresó a su lugar detrás del plato. Todo estaba listo. “Ahora tenía que darle la señal al pitcher”, me dijo Bresnahan. “Por supuesto, él sabía que la jugaba estaba montada. Tenía que asegurarse de que el bateador no hiciera contacto. Pedí un pitcheo afuera. Tuve que dar la señal con la mano, porque en la mascota tenía la papa, y luego tenía que pasarla a la mano derecha. Lo tenía que hacer sin que nadie viera, y luego dejarla lista cerca de mi tobillo mientras él tiraba la pelota”.

El pitcher tiró la bola en la tierra, algo que Bresnahan no estaba esperando. La pudo agarrar, pero siempre se preguntó qué hubiese pasado si el pitcheo se hubiera ido hasta el backstop y la papa salía volando de su guante mientras corría tras la pelota. Afortunadamente, eso no fue lo que ocurrió.

El muchacho que estaba corriendo medía como seis pies y cinco pulgadas, me dijo Bresnahan, así si no se tiraba de cabeza para volver a la almohadilla, la papa pudo haberle dado en el casco o en la espalda. Se agachó, sin embargo, y Swain estiró el brazo como intentando atrapar la papa que Bresnahan había tirado. La papa voló hasta los jardines, reventándose en pedazos una vez pegó contra el suelo. El jardinero izquierdo, Miguel Román–quien no estaba muy al tanto de la jugarreta–quedó sorprendido con lo que estaba viendo.

“El corredor se levantó y el coach de tercera le gritó, ‘¡Anota!’”, continuó Bresnahan contándome. “Se fue corriendo tranquilo al home, pero justo antes de anotar, la bola estaba en mi guante y lo toqué. Le mostré la pelota al umpire y la lancé al montículo”.

Fue entonces, por supuesto, cuando se desató la confusión. “El árbitro de tercera era de Nueva York y había ido a buscar el pedazo más grande. Regresó y gritó, ‘¡Es una papa!’”, relató Bresnahan entre carcajadas.

El umpire de home no estaba muy feliz porque ese día, estaba un supervisor de árbitros en el estadio. No tenía idea de qué sentenciar. Los compañeros de Bresnahan se pararon con sus caras escondidas en sus guantes. A diferencia de lo que había dicho el amigo umpire de Bresnahan, los árbitros se reunieron y decretaron que la carrera valía y el inning seguía vivo. Bresnahan se sintió mal, porque su broma había permitido una carrera a la cuenta de Poehl.

Matt Monagan/MLB.com

FUENTE : ALBAT

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